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Río, barranca, puerto, definen lo que es la ciudad desde sus inicios, donde el puerto, o mejor dicho la actividad portuaria, es el factor aglomerante de todos los procesos que se dieron en el sitio en cuestión. La idea que estas márgenes eran “puertos” se debió principalmente a la presencia de sus barrancas y del uso que se podía hacer de ellas.

Situación que lleva a las ciudades costeras (Barranqueras y Vilelas) a recibir el mayor impacto en infraestructura industrial lo cual genera nuevas pautas y valores de referencia e identidad en el paisaje natural y cultural sobre el riacho.
La irrupción de esta infraestructura no sólo determinó límites y áreas aprovechables de la costa, sino que además las amojonó con el equipamiento que demanda su desarrollo, viaductos, terraplenes, talleres, depósitos, chimeneas, casillas y viviendas de empleados, encauzando la expansión futura del espacio urbano.


En la relación de Barranqueras y el riacho que la delimita al este solemos afirmar hoy que la presencia de las necesarias instalaciones del puerto, depósitos y comunicaciones ferroviarias, significaron una barrera muy dura, que separó durante años la ciudad del río, sin embargo anteriormente no fue así, dado que precisamente la vida de la ciudad se daba en ese ámbito de “contactos” formado por muelles, industrias, depósitos y vías, que además a medida que la ciudad necesitó “abrir” esas actividades, entre los muelles se instalaron el club náutico y balnearios municipales.
Para la ciudad puerto que fue y es Barranqueras no existía un conflicto entre estas funciones porque no estaban separadas de lo que el núcleo poblacional era.

Con el cambio de los tiempos, el río que había marcado en forma indeleble en el paisaje de la ciudad la “vocación portuaria” de la misma, comenzó a ser una presencia esquiva, casi molesta, y la ciudad inerme a sus arremetidas inundaciones, y como negando el abandono, el cierre de sus industrias y el olvido del tren, fue mirando hacia la capital Chaqueña haciendo honor al dicho de darle la “espalda al río”.


Hoy si, este borde industrial, constituye una barrera con el río, lo que se llama un “baldío portuario”, que dificulta el contacto con el paisaje fluvial, a lo que se suma también, la barrera física que establece el tramo III del muro frontal de defensa contra las inundaciones.


Sin embargo, la relación con el río, que ha venido cambiando en los últimos años, la construcción del muro de defensa contra inundaciones, la reactivación del puerto, el proyecto del segundo puente Chaco-Corrientes, entre otras inversiones iniciadas y anunciadas sobre la costa, son hitos de un camino hacia una ciudad distinta, pero además, la posibilidad de aunar los logros y efectos ambientales, de un paisaje ganado a la inercia con la realización de obras de incidencia directa en el crecimiento económico y productivo de la zona, abre las puertas a un polo de desarrollo en más de un sentido inédito.


Esta es una oportunidad que no se debe desaprovechar, los vientos son favorables para recuperar la base económica de la ciudad, donde lo productivo no está separado de lo recreativo y el paisaje ambiental: se trata de dos caras de un proyecto que, si logra crecer en armonía, puede dar a Barranqueras una faz cualitativamente diferente entre las ciudades del NEA.


En todos los casos, será el río el elemento catalizador, la imagen común de una realidad nueva, tan particular como cargada de potencialidades.
Barranqueras corazón del MERCOSUR!!!

 

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